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La humanidad se compone de un
amplio y diverso espectro de individuos. Si nos libramos
de todas nuestras ataduras, lo que queda es una respetable
masa de personas que respiran, piensan y viven. La población
mundial crece constantemente, a razón de 80 millones
de nuevas personas cada año. Unos porcentajes en permanente
cambio rondan el 50% para hombres y un 50% para mujeres son
los que componen la humanidad entera.
Más de dos tercios de la población mundial tienen
de 16 años en adelante. Estos 4.455.000.000 de adultos
están capacitados para votar en el referéndum
humano mundial.
Los contrastes con los que vivimos no podrían ser
más extremos. Somos pobres de solemnidad, asquerosamente
ricos, cultos, pícaros, excluyentes, enchufados, hambrientos,
alegres, enfermos, seguros, explotados, incluyendo todos
los matices. Las circunstancias, establecidas en gran medida
al nacer, definen nuestro nivel de salud, bienestar, oportunidades
y seguridad. Desde las zonas acomodadas es difícil
imaginar cuánto sufren tantos y tantos. Desde las
situaciones de inferioridad casi parece no haber salida.
Con meras estadísticas no se puede dar cuenta de nuestros
sueños, necesidades, aspiraciones y deseos. Para imaginarnos
la humanidad, debemos ser capaces de comprender que todos
los miles de millones que somos, uno a uno, somos iguales.
Los comicios mundiales no entiende de diferencias.
El referéndum sólo registra igualdades.
Una persona = un voto.
Todos están invitados.
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