Los cambios propuestos pueden hacerse realidad rápida y eficazmente. Todos los segmentos de la sociedad necesitan colaborar para construir el referéndum universal y resolver los graves sufrimientos humanos.
Los gobiernos elegidos democráticamente han apoyado tradicionalmente los sistemas democráticos. En muchos casos sus constituciones propugnan los mismos principios básicos que el referéndum aplica a escala mundial. Una votación mundial no interfiere en la soberanía nacional o en la tradición cultural. Los asuntos locales se manejan mejor a escala regional por medio de estructuras que ya existen. Las decisiones del referéndum llenan el vacío donde se necesita una política internacional cohesiva.
Los gobiernos no elegidos democráticamente y las democracias marginadas, sin importar lo pobladas que sean, han sido excluidas de una posición adecuada en la escena internacional. La población de subcontinentes enteros al fin puede participar en el proceso de toma de decisiones mundial en pie de igualdad.
Las fuerzas armadas y sus industrias deben darse cuenta de que no están conquistando la paz. Un esfuerzo con el mismo apoyo financiero y logístico de una operación militar de tamaño medio podría mejorar con rapidez las infraestructuras del mundo entero. Con sólo el 14% del gasto militar anual del mundo y sin disparar una sola bala, podemos resolver los problemas más graves que en y por sí mismos conducen a conflictos violentos. La reestructuración de los ejércitos en organizaciones constructivas puede ocurrir sin confrontaciones. Ni los oficiales ni los soldados deben preocuparse por su seguridad laboral. Con una misión diferente, muchos hombres y mujeres desarmados pueden ayudar eficazmente a sus semejantes.
Las instituciones financieras pueden pagar perfectamente la diminuta fracción de las transacciones internacionales que se les solicita. El ridículamente bajo 0,03% de todas las transacciones financieras que se requiere para resolver el sufrimiento humano apenas se notaría si se sumara a los impuestos y aranceles actuales.
Las empresas multinacionales y los grupos de especial interés a menudo tienen metas simples y estrechas que acaban en los ingresos netos de sus memorias financieras. Una situación mundial estable beneficia sus intereses y por tanto debería incitar al apoyo financiero. Contribuciones de solamente algo más del dos por ciento de sus bienes pueden ocasionar una enorme mejora.
Las personas más acomodadas, especialmente las personas con una liquidez por valor de más de un millón de dólares, son una pequeña pero importante minoría. Con una contribución voluntaria de menos de 0,5% de la suma de sus haberes, sin contar los bienes inmuebles u otros activos, estas personas por sí solas podrían sacar de la miseria a todos aquellos que necesitan desesperadamente esa ayuda.
Las personas de ingresos medios, quienes en su mayor parte trabajan duro para conseguir su bienestar, no deberían sentirse amenazados por estas decisiones populares. Todos los recursos financieros necesarios para apoyar los cambios positivos propuestos por el referéndum, se originan fuera de la esfera personal de sus posesiones y no afectará a sus estilos de vida.
Las personas pobres constituyen el porcentaje más grande de la población y son los que percibirán más fuertemente los beneficios de la votación mundial. No se requiere apoyo financiero de las personas que son pobres.
Las contribuciones voluntarias desde cualquier parte en forma de organización, ejecución e implementación del referéndum son bienvenidas y suponen un enorme apoyo a una meta común.
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